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Misionar es, en primer lugar, involucrarse en la palabra de Dios, cumpliendo
su mandato.
Habiendo tenido una experiencia de Dios en algún cenáculo o retiro, la misión
se presenta como una forma de perseverar en la Fe. Es un camino desde el retirarse
al brindarse para construir el reino de Dios. Entonces misionar,
significa también compartir la Fe con el hermano, salir al encuentro de Jesús
que me invita a contemplarlo en el prójimo.
La Misión es una característica esencial de La Iglesia que es Católica y Apostólica,
tiene que ver con sus orígenes ya que nada de lo que hoy conocemos como Iglesia
sería tal sin la actividad misionera de las primeras comunidades cristianas
que derramaron el Evangelio a partir de Pentecostés.
Así es como misionando nos hacemos más Iglesia uniéndonos en pequeñas comunidades
vinculadas por el anhelo inspirado por el espíritu Santo de hablar de la Buena
Nueva de Dios a Todo El Mundo.
Misonamos porque así lo mando Jesús, y, hoy más que nunca, los jóvenes renovamos
este ardor misionero alentados por Juan Pablo II quien en su encíclica Redemptoris
Missio se hace eco de la palabras de San Pablo: "Predicar el evangelio no
es para mi ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe: Y ¡ay
de mí si no predicara el Evangelio!" (1 Cor 9,16). Misionando nos hacemos
signos visibles de esperanza porque la Buena Noticia fue revelada para todo
el mundo, y Jesús quiso que completáramos su tarea.
La misión se presenta en diversas formas, que generalmente van asociadas a
un salir del ámbito de la parroquia, el colegio, o mi entorno particular. Esto
puede ser la visita a enfermos, presos, el ayudar a dar de comer a los mas necesitados,
dando testimonio de caridad que tiene su origen en Dios. Existen también grupos
misioneros que viajan a localidades alejadas de su ciudad de origen y visitan
las casas de los pueblos llevando en forma particular la palabra de Dios. Muchas
comunidades de nuestro país carecen de sacerdote en forma regular y, es la actividad
misionera la que ayuda a mantener encendida la llama de la Fe. De esta manera
el misionero recuerda al pueblo de Dios, que el Señor no se olvida de él. Misionar
no solo corresponde a un momento particular de la vida del joven cristiano,
sino que se extiende al ámbito de su vida diaria. Así también como durante un
retiro, la misión es un período de fervor especial, donde tenemos mucho mas
presente a Dios. Sin embargo, la perseverancia nos exige continuar nuestra vida
como verdaderos cristianos a pesar de no sentir, tal vez, esa presencia desde
nuestra realidad. Por eso debemos llevar la misión a la vida cotidiana, comenzando
por llevar la palabra siendo fieles con nuestro ejemplo e intentando ser cristianos
coherentes que descansan en un diálogo íntimo con Jesús, que es la oración.
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